La Ermita de San Benito de Orante

Orante: el lugar donde entendí mi propósito

En el verano de 2022 visité la ermita de San Benito de Orante, un pequeño templo situado en un cerro próximo a Jaca.

Llegué hasta allí recomendado por una amiga, con curiosidad, cierto escepticismo y también con la disposición de dejarme sorprender por el lugar. Tras conocer algunas de sus particularidades, tuve la oportunidad de permanecer unos minutos solo en el interior de la ermita, en silencio y meditación.

“A veces un lugar no te da respuestas, pero te ayuda a escuchar con claridad lo que ya estaba dentro de ti.” – Javier Aramendia

Aquella experiencia tuvo para mí un significado muy especial. Sentí con claridad algo que llevaba tiempo tomando forma: mi camino estaba relacionado con el servicio a los demás y, especialmente, con el acompañamiento en los procesos de final de vida.

La imagen que apareció entonces fue la de un hombre sabio y silencioso que ponía su conocimiento al servicio de otras personas para ayudarlas en su tránsito. Una especie de barquero. Una figura que resumía aquello a lo que quería dedicar mi vida: acompañar a las personas en el desapego y ayudarlas a afrontar el final de la vida con mayor serenidad.

La ermita de San Benito de Orante es un edificio sencillo, rodeado de historias, tradiciones e interpretaciones sobre su antigüedad, orientación y relación con la luz solar en determinados momentos del año.

Más allá de esas interpretaciones, para mí Orante quedó ligado a algo mucho más personal: la confirmación de un propósito.

Ese momento no fue el inicio de todo, pero sí uno de esos puntos en los que muchas piezas empiezan a encajar. Una experiencia íntima que terminó dando forma a una manera de entender el acompañamiento: estar presente, escuchar y ayudar a que cada persona pueda recorrer su propio tránsito con mayor conciencia.

Javier Aramendia